Storicamente. Laboratorio di storia

Dossier

La Iglesia portuguesa y la Guerra civil española entre el Franquismo y el Salazarismo: prensa y propaganda (1936-1939)

Abstract

The Spanish Civil War (1936-1939) had important political, social, and economic consequences for Portugal, whose government acted as if the Spanish war was a national affair. Salazar believed that to consolidate his authoritarian Novo State regime it was necessary to help change Spain's political course. In this context of support for Franco's regime, the Portuguese Church and all the Catholic media, including the newspaper A Voz, legitimised the coup d'état in Spain and organised campaigns to raise funds and food destined for Franco's territory.

Introducción

La Guerra Civil Española es uno de los acontecimientos más influyentes en la historia contemporánea ibérica que ha tenido una mayor proyección propagandística internacional.[1] Es también un hecho trascendental para comprender la evolución de las relaciones políticas entre España y Portugal durante el largo período de los regímenes autoritarios de impronta ideológica fascista que sustentaron el franquismo y el salazarismo, aliados estratégicos en la legitimación política internacional y la consolidación de ambas dictaduras peninsulares (Jiménez Redondo y De la Torre Gómez 2013). Salazar tuvo una intervención relevante en el desarrollo de la guerra, sobre todo en el contexto diplomático y propagandístico, con importantes consecuencias políticas, sociales y económicas para Portugal, cuyo gobierno actuó como si la guerra española fuera un asunto interno (Simões, 2007; Rosas 1996; Oliveira 1988; Delgado 1980).

De forma recurrente, se ha destacado el apoyo de Hitler y Mussolini al general Franco en la Guerra Civil española (Rodrigo 2016; García et al. 2016; Molina Franco y Arias Ramos 2010). Pero con frecuencia se obvia la ayuda fundamental de la dictadura portuguesa a la instauración del franquismo. Salazar aborrecía el modelo democrático del republicanismo ibérico y desconfiaba del iberismo de algunos partidos políticos españoles (De la Torre Gómez 1997, 43). Para evitar contagios desestabilizadores, el conocido como “ditador das Finanças” creía que la única manera de consolidar y hacer perdurable el Estado Novo en Portugal era cambiando el rumbo político de España hacia un modelo ideológico complementario con el régimen luso (Rosas 2012, 83; Oliveira 1988, 102). A partir de la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, la propaganda salazarista describía al gobierno republicano español como un peón del comunismo internacional que pretendía invadir Portugal (Oliveira 1985, 87-94). El instinto de supervivencia del salazarismo desencadenó la ayuda incondicional de la dictadura portuguesa al golpe de Estado en España, que fue percibido por Salazar como un asunto que le concernía personalmente, pues su desenlace afectaría a su propio futuro político (Clímaco 2017, 71-86). En términos relativos, ningún otro país extranjero vivió con tanta intensidad la evolución del conflicto ni hizo un esfuerzo tan grande para favorecer la victoria del fascismo español. Las estructuras políticas, diplomáticas, corporativas y propagandísticas de la dictadura lusa sirvieron a los intereses del general Franco, que dispuso en Portugal de una extensa red de agentes que trabajaron en colaboración con el gobierno salazarista. Para Salazar estaba en juego la independencia de Portugal, y Franco se convirtió en su gran esperanza (Meneses 2012, 254-269).

En este contexto de ayuda al golpe militar en España, uno de los impactos que tuvo la intervención portuguesa en la guerra sobre su sociedad nacional fue la intensa campaña de propaganda que el Estado Novo y otras instituciones de referencia, como la Iglesia Católica, realizaron para legitimar las decisiones del salazarismo respecto al conflicto español, cuyas implicaciones de todo tipo podían tener consecuencias directas sobre la estabilidad política de Portugal (Pereira 2012, 174-191). La guerra fue entendida por Salazar como un asunto nacional que exigía adoptar políticas acordes con el enorme desafío que representaba el acontecimiento español para evitar contagios revolucionarios que pudieran poner en riesgo la supervivencia política del propio régimen portugués y sus fundamentos ideológicos y religiosos. En este sentido, el episcopado luso veía con gran alarma el anti-clericalismo de algunos sectores republicanos españoles, especialmente cuando se produjeron los ataques contra sacerdotes, propiedades de la Iglesia o algunos símbolos católicos. Tanto el gobierno como la propia jerarquía católica lusa desplegaron una actividad propagandística sin precedentes para acusar al gobierno republicano, al que identificaban con los intereses del comunismo internacional, de promover la persecución religiosa contra los católicos, dentro de una orquestada campaña anti-comunista, que buscaba no sólo prevenir cualquier conato de revuelta contra el statu quo institucional del régimen portugués alimentando una atmósfera pública de permanente alerta mediante la difusión de mensajes amenazantes para estimular la agitación y movilización popular, sino también para legitimar socialmente al bando faccioso y buscar el apoyo general para captar recursos, económicos y humanos, contra el comunismo español, representado por el gobierno de Madrid.

Mientras la Polícia de Vigilância e Defesa do Estado (PVDE) perseguía y entregaba a las autoridades franquistas a los republicanos que huían hacia Portugal del avance de las tropas rebeldes en las zonas fronterizas durante los primeros meses de la guerra, el capitán Jorge Botelho Moniz, Jefe de la Secção Militar Portuguesa de Assistência aos Legionários Portugueses em Espanha y director del Rádio Club Português, hacía propaganda contra la democracia republicana española y promovía el alistamiento de voluntarios portugueses para el ejército de Franco, los llamados “viriatos” (Pena Rodríguez 2015). Botelho Moniz y el director del diario católico lisboeta A Voz, Fernando de Souza, fueron dos de los más activos propagandistas a favor del franquismo y los mayores promotores de la ayuda popular portuguesa, mediante cuestaciones públicas, para financiar o proveer de víveres al ejército franquista y las poblaciones bajo su control.

Este trabajo se basa en fuentes de carácter hemerográfico y documentales procedentes de archivos españoles y portugueses para aproximarse a uno de los aspectos más desconocidos sobre la intervención de Portugal en la guerra española, como es el rol desempeñado por el movimiento católico portugués en la esfera pública. El objetivo fundamental es desvelar las claves sobre el comportamiento público de la Iglesia Católica lusa en relación con el conflicto español mediante el estudio de la propaganda difundida por aquella y su eco mediático. Entre otros aspectos, el estudio aborda el caso paradigmático del influyente diario lisboeta A Voz, cuyo director, Fernando de Souza, mantuvo frecuentes entrevistas con las autoridades eclesiásticas y se mostró muy permeable durante toda la guerra a las tesis del episcopado luso, ayudando a difundir masivamente sus consignas propagandísticas y estableciendo una estrecha colaboración con organismos del movimiento católico portugués y redes internacionales, como la Comisión Internacional Pro Deo, con la que mantuvo un intercambio directo. Para desarrollar este trabajo se utilizan, principalmente, técnicas descriptivas de observación crítica para analizar las fuentes documentales, así como técnicas cualitativas y de análisis del discurso en la lectura de los textos periodísticos y columnas de opinión de la prensa portuguesa.

La reacción del episcopado portugués ante la guerra de España

En un ambiente general de apoyo público e institucional al bando faccioso español en Portugal, el episcopado portugués no fue ajeno a la acción propagandística a favor del franquismo, al contrario: tomó partido de forma decidida utilizando sus altavoces mediáticos contra el perigo comunista proveniente de España. La Iglesia Católica era una institución con un peso específico en la configuración ideológica y la legitimación pública del Estado Novo y el salazarismo, cuya doctrina política reivindicaba los valores de un exacerbado nacionalismo tradicionalista de raíces católicas (Martíns 1990; Cruz 1980). La fundación en 1933 de la Acção Católica Portuguesa (ACP) por parte del cardenal y amigo personal de Salazar Manuel Gonçalves Cereijeira fue un hito clave para comprender la asociación estratégica entre el catolicismo y el salazarismo durante la consolidación de la dictadura (Santos 2016, 75-92). La ACP tenía una misión doctrinaria, pero también propagandística. Era la organización social de la Iglesia, con presencia en todas las diócesis del país y veinte movimientos especializados, organizados por sexo y edad, agrupados siguiendo la estructura del acrónimo AEIOU (Agrario, Escolar, Independente, Operario y Universitario), con el objetivo de recristianizar el país y combatir las nuevas corrientes de pensamiento o ideologías de ideas agnósticas (liberalismo, positivismo, laicismo, materialismo o la masonería) que cuestionaban los principios del catolicismo (Lopes 2007, 57-64).

Además de Rádio Renascença (Miguel 1992) y de la revista Lumen, órgano del episcopado portugués[2], la Iglesia era propietaria de una extensa red de publicaciones distribuidas por todo el país. Según el Anuário Católico, el número de periódicos que formaban parte de su aparato mediático era de 64 en 1930, y de 69 en 1940 sobre un total de 511 periódicos existentes en Portugal, lo que representaba alrededor del 14%. (Cruz 1992, 243-44). La diócesis de Braga, con 13 publicaciones periódicas, era el principal feudo de la prensa católica. En 1932, cuando Salazar se convierte en presidente do Conselho, la Iglesia poseía cuatro diarios, Novidades, en la diócesis de Lisboa, Diário do Minho, en Braga, A União, en Azores, y O Jornal, en la diócesis de las Islas Madeira. Pero, además, la doctrina de la Iglesia portuguesa tenía una fiel reflejo o inspiraba a otros medios relevantes que se etiquetaban a sí mismos como católicos, entre los que destacaba uno de los diarios de referencia nacional, el diario lisboeta A Voz[3].

La Iglesia Católica portuguesa entendió el conflicto como una cruzada contra el comunismo internacional y su ideología atea, representado por el gobierno republicano español y sus aliados, asumiendo así el discurso de la jerarquía eclesiástica española que se había puesto al lado de los golpistas para proteger lo que ellos consideraban los valores de la “civilización cristiana”. El episcopado portugués se alineó durante toda la guerra con las políticas llevadas a cabo por el gobierno portugués para defender los intereses del general Franco. A la Iglesia le preocupaba especialmente que se produjese un contagio revolucionario anticlerical en la clase obrera lusa contra su poder social e institucional, como se había producido en algunas ciudades y pueblos españoles, en los que se atacaron propiedades de la Iglesia, con graves actos de vandalismo y el asesinato incluso de algunos sacerdotes. Ante estos trágicos acontecimientos, el episcopado y el movimiento católico portugués reaccionaron con gran agitación contra el bando republicano español, al que acusaba de causar desorden moral y social[4]. Durante todo el conflicto, los obispos lusos organizaron decenas de actos religiosos (misas de homenaje al ejército rebelde español, te-deums, peregrinaciones, etc.) de carácter propagandístico para legitimar el golpe de Estado contra la II República en España difundiendo la idea de que si triunfaba el comunismo no sólo estaba en juego la independencia de Portugal, sino la esencia misma de la patria y la cultura nacional portuguesa, amenazada por hordas de ateos marxistas que estaban destruyendo el patrimonio español. Los obispos ordenaban periódicamente a los sacerdotes rezar públicamente para poner fin a los crímenes marxistas en España, mientras la prensa católica informaba sin cesar de los asesinatos religiosos cometidos por los “sem-Deus”[5]. El órgano católico de las Islas Madeira O Jornal, tomó la iniciativa de llevar a cabo una cuestación popular para adquirir crucifijos para las escuelas primarias, tal y como recomendara el intelectual integralista Alfredo Pimenta en A Voz[6]. También se publicaron diversos libros y folletos para hacer propaganda en defensa de la religión católica y en contra del ateísmo comunista (Amorim 1936; Beja 1938; Baptista 1938; Vital 1938, entre otros), y se celebraron misas campales en diversas ciudades para rogar a Dios una victoria “nacionalista”.

Posiblemente, las acciones de mayor impacto político y social organizadas por las autoridades eclesiásticas durante la guerra, fueron dos pastorales anti-comunistas, emitidas en marzo de 1937 y en abril de 1938 con una extraordinaria cobertura periodística. Además, el episcopado luso difundió varios comunicados de diversa índole que alertaban sobre los peligros del comunismo y que suponían un apoyo explícito a las medidas adoptadas por el gobierno salazarista en favor del proyecto franquista para España[7]. La pastoral colectiva del 8 de marzo de 1937, firmada por los 15 obispos de Portugal[8], se tituló “A Voz do Episcopado Português sobre o comunismo e alguns graves problemas do presente”, fue leída por el cardenal Cereijeira a través de la Emissora Nacional. Era un durísimo alegato contra la “satánica”, “retrógrada” y “totalitaria” revolución anti-cristiana del comunismo español. Escenas como el fusilamiento simbólico del Sagrado Corazón de Jesús por parte de unos milicianos en Madrid, divulgado por la prensa lusa con profusión, fue aprovechado por la Iglesia Católica para legitimar su discurso anti-comunista[9]. La pastoral eclesiástica expresa su alarma por la persecución religiosa en España y el asesinato de 11 obispos y 6000 sacerdotes:

O mundo atravessa uma crise gravíssima, em que nao é dificil descortinar até, ás vezes, a acção de Satanás. Ainda agora, em Espanha, o ódio satánico a Cristo se traiu (mais claramente que em outra revolução anterior) na sistemática profanação do que é eucarístico e na sangrenta perseguição das pessoas consagradas a Deus. […] O comunismo ateu ameaça a civilização cristã como um flagelo universal. O machado agora está posto ás próprias raizes, que nao só a um ou outro ramo da árvore. A revolução dos nossos dias é uma revolução totalitária, que nao atinge apenas uma ou outra instituição, mas o próprio ideal cristão da vida. É a mais satánica e retrógrada de todas as revoluções: porque pretende destruir a obra da Igreja de Cristo no mundo - que é a própria continuação da obra de Redenção[10].

Esta campaña fue apoyada por decenas de intelectuales salazaristas, que publicaron artículos contra la matanza de sacerdotes. Uno de los más destacados fue Júlio Dantas, presidente de la Académia de Ciências de Lisboa, quien compara los crímenes en las iglesias y conventos de Madrid el 17 de julio de 1834, durante el gobierno de Martínez de la Rosa y los primeros años de la revolución carlista, cuando se produjo una revuelta anti-clerical con la España de 1936. Dantas describe como los padres eran masacrados sin compasión en medio de la algarabía popular que reclamaba sangre de la Iglesia[11]. En la pastoral se ordena que sea leída en varios oficios religiosos por párrocos de todas las iglesias, capillas y lugares religiosos de Portugal. La prensa portuguesa, de forma masiva, se hizo eco de la posición pública del episcopado portugués, elogiando de forma apasionada y con gran resonancia sus argumentos, como podemos observar en el editorial del Diario de Noticias:

[…] Na literatura anti-comunista contemporânea ficará ocupando um lugar aparte, um lugar, por mais dum titulo, proeminente, esta pastoral coletiva do Episcopado português. É um documento que, sem lisonja nem exagero, honra os próceres que o subscrevem e constitue um motivo de orgulho para a consciência religiosa do nosso País. Entre o muito que se tem escrito sôbre o comunismo não sabemos se haverá páginas mais vigorosas na argumentação, mais elevadas nos conceitos, mais belas nos primores da linguagem, mais fulgurantes da inteligencia e mais vibrantes da emoção […] (cursiva original)[12].

También el órgano del partido único del régimen, el Diário da Manhã, establece que el catolicismo y el comunismo son incompatibles y, por tanto, – concluye – una nación cristiana como Portugal vería en peligro su propia existencia si triunfa la ideología comunista:

[…] O Episcopado português condenou solenemente o comunimo como a maior heresia e o maior flagelo do nosso tempo. A justificação dessa condenação era, aliás, obvia. Estava implícita no antagonismo das doutrinas e claramente expressa nas encíclicas e declarações pontificias. Catolicismo e comunismo são inconciliáveis! Estamos também convencidos de que não há conciliação possível entre o ideal político duma nação cristã, como é Portugal, e o comunismo. Por isso o combatemos como o mais perigoso inimigo da nossa independência e liberdade, vendo na sua acção internacional uma das maiores causas da intranquilidade e mal-estar dos povos[13].

La segunda pastoral, publicada el 19 de abril de 1938, se emite para convocar al pueblo portugués y español a una peregrinación al santuario de Fátima el 13 de mayo, con el objetivo de pedirle a la virgen, en nombre de la nación portuguesa, la victoria sobre el “comunismo ateu e o benefício da paz”. La encíclica eclesiástica expresa el contraste entre el “holocausto” español y el remanso de paz de Portugal. El episodio vivido en Alhos Vedros[14], en el distrito de Setúbal, en junio de 1937, donde alguien intentó provocar un incendio en la capilla, sirvió para exacerbar todavía más la propaganda anti-comunista y anti-republicana del episcopado, que redobló su alarmismo[15]. El argumento de la persecución religiosa en España fue, pues, uno de los temas más recurrentes de la propaganda católica para legitimar la campaña militar del general Franco en España, a quien se defiende de las acusaciones de genocidio. La muerte de numerosos civiles provocada por los bombardeos de la aviación insurrecta es justificada por algunos medios católicos aclarando que son daños colaterales inevitables, provocados por los propios republicanos, que colocaban su armamento al lado de barrios habitados (sic), tal y como narraba A Voz en una de sus crónicas[16].

El segundo mensaje institucional del episcopado luso menciona también el atentado sufrido por Salazar el 4 de julio de 1937, que la propaganda del régimen atribuyó a los reviralhistas al servicio de la causa comunista española (Madeira 2012, 85-97). Por iniciativa de los organismos corporativos del Estado Novo, se sucedieron las manifestaciones populares en diferentes puntos del país, incluyendo la residencia del dictador, a donde acudieron en riada miles de personas a dejar flores y felicitaciones[17], mientras la Iglesia Católica celebraba decenas de ceremonias religiosas en honor de Salazar, de nuevo con gran repercusión informativa[18]. El diario A Voz afirmaba entonces que la vida de Salazar pertenecía a la nación portuguesa, como defensor del orden en Portugal y Europa: “O seu desaparecimento ser-ia uma manifesta vantagem para a Horda sinistra que por toda a parte faz sentir os seus manejos criminosos e para toda a parte expede os seus agentes […]”, aseveraba el diario lisboeta[19]. Incluso la poetisa Maria de Santa Isabel le dedica un poema-oración titulado Graças a Deus[20].

Como muestra del agradecimiento del episcopado portugués a la protección divina por salvar la vida al gobernante portugués, se organiza una misa campal Campo do Club Internacional de Lisboa, en la cual el arzobispo de Mitelene, en representación del cardenal Cereijeira, afirmó que el atentado era un sacrilegio “contra o poder divino”[21]. Varios obispos conceden 50 días de indulgencia para los feligreses que recen unas preces por el “salvador de Portugal”, impresas y difundidas con la fotografía de Salazar, a quien el episcopado reconoce como el “baluarte da civilização cristã” por su política de reintegrar la nación portuguesa en su misión histórica “evangelizadora e civilizadora”, en palabras del Diário da Manhã[22]. El propio obispo de Beja, José do Patrocínio Dias, expresó en el Diário da Manhã que la gracia divina le había concedido a Portugal el don de tener el “timoneiro firme e sereno que conduz a nau da vida pública nesta hora gloriosa da nacionalidade portuguesa”[23]. Dentro de su estrecha política de colaboración con la jerarquía y las instituciones católicas, Salazar trasladó incluso recomendaciones al Vaticano para que la prensa católica de países como Francia no apoyasen al gobierno de Madrid[24].

El 13 de mayo de 1938, como respuesta a la pastoral del mes anterior, se produjo el momento posiblemente más relevante de la campaña de propaganda del catolicismo luso a favor de la España franquista, cuando se celebra la peregrinación a Fátima para implorar la ayuda de la Virgen ante la amenaza del comunismo español[25]. Según las estimaciones del oficialista Diário da Manhã, se congregaron más de medio millón de peregrinos peninsulares, que asistieron a varias misas, vigilias y desfiles de las milicias del régimen, la Legião Portuguesa y Mocidade Portuguesa, junto a las Juventudes Católicas, la Acção Católica y otras organizaciones afines al Estado Novo y la Iglesia portuguesa, acompañados por exhibiciones de escuadras de la aviación del Ejército, que lanzaron flores sobre el santuario de Fátima[26]. Las ceremonias, que incluyeron la bendición de banderas y paradas militares, fueron retransmitidas por la Emissora Nacional y objeto de extensos reportajes en los principales medios de Portugal y la España franquista. Al finalizar la guerra, se celebraron también numerosas liturgias para conmemorar el triunfo del general Franco[27]. Una de las más multitudinarias, se celebró en el Palacio de Cristal de Oporto, por iniciativa de la Legião Portuguesa y con asistencia de autoridades civiles militares y consulares de varios países[28].

El diario católico A Voz y la legitimación popular del franquismo

Una de las campañas más paradigmáticas de legitimación del franquismo en Portugal fue la que desarrolló el periódico católico de Lisboa A Voz, dirigido por Fernando de Souza[29], un periodista de avanzada edad que actuó como defensor y promotor de campañas de propaganda del ejército insurgente español. En este contexto de ayuda al bando insurrecto por parte del catolicismo portugués, Fernando de Souza fue quien adquirió mayor protagonismo y prestigio. Durante toda la guerra, aunque sobre todo en el segundo semestre de 1936, no cesó de publicar artículos que atacaban al gobierno legal español en defensa de la causa “cristiana” del general Franco. Aunque A Voz no era propiedad del clero, su director lo convirtió oficiosamente en el periódico abanderado de la gran campaña de propaganda promovida por la Iglesia Católica portuguesa. Se transformó en una especie de trinchera del catolicismo portugués contra el gobierno de Madrid. Souza pretendía impedir el avance de la “anarquía” en España y propone que la prensa portuguesa cree un “frente común” contra el comunismo español, mientras solicita a las autoridades eclesiásticas extremar las precauciones para evitar el contagio del marxismo[30]. Para desarrollar su misión, trató de sumar adhesiones entre la elite intelectual salazarista y los católicos portugueses, a quienes invocaba constantemente para pedirles su apoyo al franquismo. El 25 de julio de 1936, Fernando de Souza publica un artículo titulado “Por São Tiago! A cruzada cristã contra o bolchevismo russo”, que pretende ser un manifiesto anti-comunista en el que proclama el deber de los católicos de utilizar las armas de la propaganda para defender los divinos fundamentos de su religión[31].

Por intermedio de las gestiones realizadas por el episcopado portugués, A Voz se convirtió en el principal altavoz utilizado por la Comisión Internacional Pro Deo (CIPD) en Portugal para difundir su propaganda a favor de los insurrectos españoles. La CIPD era una organización que defendía los intereses de la Iglesia Católica con sede en Ginebra ligada a la Unión Internacional Anti-comunista (presidida por Teodóre Aubert y fundada en 1924) cuyo objetivo priomordial era difundir campañas internacionales contra el comunismo. Dos de sus delegados, el Príncipe André Kourakine, perteneciente a la nobleza rusa, y George Lodygensky, viajaron a Lisboa a finales de agosto de 1936 para recoger documentación contra el gobierno comunista español. A Voz colaboró directamente en su tarea haciendo un llamamiento público general para ayudar en esta acción propagandística[32].

A sus 80 años de edad, Fernando de Souza era el patriarca y decano de la prensa portuguesa, y se convirtió en el mejor colaborador de la Comisión Pro Deo en Portugal. George Lodygensky le dedicará, un artículo en el periódico de Ginebra Le Courier titulado “Um homem, um jornalista, um cristão”, en el que destaca su capacidad de trabajo, sus convicciones cristianas, su agudeza política y su febril actividad, volcada completamente por la causa solidaria con los franquistas. Según Lodygensky, Souza, había convertido su periódico en el mensajero oficial de las ideas cristianas, con editoriales “sempre claros, precisos, solidamente baseados” que “são lidos com atenção não só nas esferas governamentais e pela elite do pais, mas pelas pessoas de inteligencia e cultura médias”. Su excelente clarividencia le había llevado a confiar absolutamente en Salazar como esperanza, jefe y “guia providencial da renovação portuguesa”. Pero lo que Lodygensky más apreciaba en Fernando de Souza y sus colaboradores es “que não transigem nunca sobre os grandes principios religiosos, morais e patrióticos, que são a base da sua doutrina […]”[33].

La CIPD mantuvo contactos con el director del Secretariado de Propaganda Nacional, António Ferro, y con el embajador portugués ante la Sociedad de Naciones, Armindo Monteiro[34]. Desde el inicio de la guerra, el CIPD presionó a la SDN para que adoptase medidas contra la persecución de los “católicos” en España enviando al organismo multilateral numerosos documentos probatorios del supuesto “genocidio marxista”. En apoyo del CIPD, A Voz criticó duramente la falta de acción inmediata de la SDN: “Lá que os católicos fiquem esmagados pelo comunismo importa pouco á SDN. O importante é defender ambições, zelar injustiças e dar força moral a todas as internacionais do crime e da traição”[35]. El periódico lisboeta apela a los portugueses a luchar contra los crímenes de católicos en el territorio leal: “Católicos de Portugal, levantemos veementemente o nosso protesto de solidariedade contra todos e crimes de que são vítimas os nossos irmãos na fé, em Espanha, e tributemos-lhes louvores pelas suas heroicidades de mártires[36].

Entre otras iniciativas, el director de A Voz fue el promotor de la mayor cuestación pública nacional realizada en Portugal para recaudar fondos de ayuda humanitaria para los insurgentes españoles[37]. Una campaña que tuvo un impacto extraordinario en la opinión pública portuguesa, secundada por decenas de medios de comunicación del país, especialmente por el Rádio Club Português, el diario O Século, y la red de periódicos locales y provinciales afines al movimiento católico. La masiva adquisición de medicinas para el envío a España obligó al Instituto Pasteur de Lisboa a duplicar el número de obreros en sus laboratorios para poder atender los pedidos (Cabeza Sánchez Albornoz 1992, 257). En octubre de 1936, A Voz adquirió una ambulancia Renault fabricada por la Sociedade Portuguesa de Automóveis por 36.000 escudos, en la que se pintó la Cruz de Cristo y la leyenda “Oferta das Mulheres de Portugal”, que fue entregada a los responsables sanitarios del gobierno de Burgos[38]. Al mes siguiente se adquirió otro vehículo para el servicio de los hospitales de Salamanca, adornado con el lema “Oferta dos rapazes portugueses”. Las cantidades recibidas eran ingresadas en una cuenta especial abierta en la Caixa de Crédito e Previdência Social, gestionada por Fernando de Souza de acuerdo con las prioridades establecidas por las autoridades franquistas[39].

Los primeros transportes de material sanitario se realizaron en agosto de 1936. En aquel momento la expectación en Portugal sobre el desenlace de los acontecimientos bélicos era máxima. La repercusión mediática de la propaganda era enorme. La alta sensibilización social con la guerra hizo que el éxito de las campañas de donativos fuese espectacular. Según A Voz, al inicio de septiembre la colecta alcanzaba los 305.067 escudos y 4296 pesetas de recaudación[40]. Para ampliar la eficacia de la cuestación, Fernando de Souza organizó una red de comisiones integradas exclusivamente por señoras de la aristocracia portuguesa, liderada por Ana Lancastre de Laboreiro Pedrilha, que se encargaban de reclamar, pueblo a pueblo, casa a casa, la solidaridad lusitana, en colaboración con párrocos y organizaciones católicas, miembros de la União Nacional y autoridades municipales[41]. A Voz publicada diariamente la lista completa de todas aquellas personas que entregaban su donativo, así como las respectivas cantidades. El periódico informaba también de algunos aspectos de la campaña, como la evolución de las cuentas, la relación de materiales comprados para los insurgentes, los envíos realizados a España, etc. Se reservó incluso un espacio en la portada para difundir las cartas de apoyo que llegaban al periódico, entre ellas las de los generales Gonzalo Queipo de Llano, Yagüe, y Miguel Cabanellas; manifiestos de periódicos como O Correio do Minho[42], O Correio de Coimbra, el Notícias de Covilhã; o de intelectuales como Quirino da Fonseca[43]. También se publicaban relatos emocionales y crónicas de viaje de los encargados de llevar los donativos hasta Salamanca, Badajoz, Valladolid, Sevilla u otras poblaciones, como el propio Fernando de Souza, Ana Pedrilha o Carlos de Ornelas[44].

La cuestación languidece, poco a poco, durante el primer trimestre de 1937, debido al cansancio de la sociedad portuguesa y a la menor precariedad de medios de los rebeldes. Hasta entonces, la espectacular cantidad en efectivo que se había recaudado con los donativos sobrepasaba los 700.000 escudos[45]. Además del desgaste de la larga campaña, había un serio factor de desestabilización política. Las ingentes cantidades de víveres que se enviaban a España a través de las colectas de Fernando de Souza, del Rádio Club Português y otras entidades portuguesas que colaboraban con la colonia franquista, habían provocado un alza en los precios de los artículos de primera necesidad en Portugal. La inflación de los precios provocó protestas de agricultores, consumidores y algunos periodistas, que mostraron su preocupación y desagrado con la repentina carestía de algunos alimentos como el arroz, el bacalao, las patatas, y el azúcar. El alza de precios afectó particularmente a las zonas fronterizas, asunto que denunciaron sin éxito algunos corresponsales ya que la censura lo impidió. El Conselho Técnico Corporativo del gobierno salazarista, a través de su vicepresidente Luiz Supico, se vio obligado a dar explicaciones sobre la subida del coste de la vida eludiendo la verdadera causa. Según Supico, el incremento de los precios se debía a las paupérrimas cosechas tras un crudo invierno (sic) en el caso de los productos agrícolas nacionales y a la inexistencia de organismos corporativos que regularan el mercado en el caso del bacalao y el azúcar[46]. Sin embargo, el diario que funcionaba como una especie de válvula de escape de la oposición al régimen, el República, denunciaba que “[…] não há ventos, não há chuvas, que justifiquem um aumento desta natureza, que atinge o quádruplo do preço de há três ou quatro meses”[47].

Conclusiones

Durante la Guerra Civil española, el territorio portugués se transformó en una segura retaguardia para los insurgentes españoles que pretendían derrocar al gobierno de la II República. En Portugal contaron con la ayuda incondicional del Estado Novo y su aparato mediático para difundir su propaganda, transformando los medios de comunicación portugueses más relevantes, controlados y censurados por medio del Secretariado Propaganda Nacional desde el inicio del conflicto, en altavoces internacionales del franquismo. Con la protección y amparo de Salazar, el movimiento católico portugués, muy alarmado con algunos sucesos acaecidos en el territorio controlado por los republicanos, en los que se habían producido agresiones contra sacerdotes e incendios de lugares de culto, organizaron diversas campañas de agitación propagandística, cuestaciones populares para financiar a los rebeldes y diversas liturgias religiosas que sirvieron para legitimar y dar cobertura propagandística al franquismo en Portugal a través de una extensa red de organismos católicos que desarrollaron múltiples acciones contra lo que el episcopado portugués calificó como una “revolución satánica” que ponía en peligro los fundamentos de la cultura cristiana. Los obispos lusos reaccionaron de forma unánime condenando la persecución religiosa en España y previniendo, de este modo, a la sociedad portuguesa de las fatales consecuencias que podría tener para ella abrazar la ideología comunista, con la que se identificaba al gobierno democrático español. En sintonía con la dictadura salazarista, los prelados católicos promovieron una orquestada campaña de propaganda anti-comunista que incluyó la publicación de dos pastorales y una masiva peregrinación al santuario de Fátima para pedir la protección divina para Portugal y el gobierno de Salazar, en quien veían a una especie de enviado de Dios para mantener la paz y salvar a su país de la nociva influencia del ideario comunista. Se produjo así una alianza tácita entre el salazarismo y el catolicismo para evitar el contagio de acciones revolucionarias del comunismo español que pudiesen poner el peligro el statu quo político nacional. La exagerada propaganda anti-comunista se vio favorecida por el fallido atentado terrorista del 4 de julio de 1937 contra Salazar, que alimentó la creencia de su aura divina y sirvió para exacerbar la utilización sistemática del leit motiv referido al perigo comunista español.

Dentro del discurso legitimador del franquismo promovido por el episcopado luso, la campaña realizada por el diario católico A Voz fue la más paradigmática, tanto por el dinamismo desplegado por su director a lo largo de la guerra, en colaboración con organismos nacionales e internacionales para proyectar una imagen benevolente del general Franco, como por la extensa movilización popular que su cobertura periodística provocó mediante la organización de cuestaciones y otras actividades públicas de promoción para financiar al ejército rebelde en España. Además de contribuir a crear un sentimiento de legitimación mutua entre el franquismo y el salazarismo y de rechazo al gobierno legal español, estas acciones propagandísticas del movimiento católico luso aumentaron la moral de las tropas insurgentes y estimularon la identificación con los proyectos políticos autoritarios que lideraban Franco y Salazar. Como prueba de la eficacia de estas campañas el gobierno salazarista se vio a adoptar medidas contra el desabastecimiento y la carestía de algunos productos básicos que, de forma masiva, los portugueses, persuadidos por los mensajes de la propaganda católica, donaban para avituallar al ejército franquista en su cruzada contra la revolución “satánica” que representaban los defensores de la II República.

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Note

1. Una versión de este trabajo ha sido publicado por el autor en la Revista de Estudios Sociales 69 (julio-septiembre 2019).
2. El primer número de la revista mensual Lumen se publicó en enero de 1937. Lumen era la continuación de Vida Católica. El director era Avelino Gonçalves, el editor Mons. Antonio José Moita y el secretario de Redacción Manuel Antonio Valente Pombo.
3. Elementos descriptivos del periódico A Voz al inicio de la Guerra Civil española. Año de fundación: 1927. Subtítulo: “O diario de maior assinatura em Portugal”. Director: Fernando de Souza. Editor: Pedro Marques Correia. Propiedad: Sociedad “A Voz”. Periodicidad: Diario, matutino. Sede: Redacción, Administración y Tipografia situada en el Largo do Picadeiro, 10 (Lisboa). Formato: medio. Media habitual de páginas: entre 6 y 10. Según A Voz, el 30 de octubre de 1936 disponía de 25.782 suscriptores (A Voz 3481: 1).
4. Ligados directa o indirectamente a la estructura organizativa de la Acção Católica Portuguesa se crearon organismos que promovieron la propaganda anti-comunista, como la Associação de Senhoras da Caridade no caso de Espanha.
5. 1936. “Contra os Sem-Deus.” A Voz 3440, 19 septiembre: 3.
6. 1936. “Crucifijos para Espanha.” A Voz 3461, 10 octubre: 1, 6.
7. 1938. “Nota do Episcopado Postuguês.” Diário da Manhã 2510, 19 abril: 1, 3.
8. Los 15 obispos portugueses que firmaban la pastoral era: Manuel II, Cardial Patriarca; Antonio, Arcebispo Primaz; Manuel, Arcebispo de Evora; Antonio, bispo de Funchal; José, bispo da Guarda; Antonio, bispo Conde de Coimbra; Marcelino, Bispo do Algarve; Jose, bispo de Leiria, Domingos, bispo de Portalegre; Jose de Patrocinio, bispo de Beja; Agostinho, bispo de Lamego; Antonio Augusto, bispo do Porto; José, bispo de Viseu; Guilherme Augusto, bispo de Angra; Antonio, bispo de Vila Real.
9. 1936. “Uma opinião.” Comércio do Porto 225, 31 agosto: 1.
10. 1937. “A Voz do Episcopado Português sobre o comunismo e alguns graves problemas do presente.” O Século 19746, 8 marzo: 1.
11. 1936. “A matança dos frades.” Comércio do Porto 287, 1 noviembre: 1.
12. 1937. “A pastoral colectiva e a imprensa.” A Voz, 9 marzo: 1.
13. 1937. “Anti-comunismo.” Diario da Manhã 2115, 11 marzo: 1.
14. Arquivo do Ministério do Interior-Gabinete do Ministro (AMI/ANTT). M 486, C 40, f. 32. Oficio confidencial n. 47 del Gobernador Civil del distrito de Setúbal al ministro de Interior, 19 junio 1937.
15. 1938. “Fôgo comunista em Alhos Vedros.” Diário da Manhã 2510, 19 abril: 1, 3.
16. 1938. “Os bombardeamentos em Espanha.” A Voz 4004, 19 abril: 1.
17. 1937. “Parabéns para Salazar.” O Século 19865, 6 julio: 1-2.
18. 1937. “A Igreja reza por Salazar.” O Século 19867, 8 julio: 2.
19. 1937. “Proteção divina.” A Voz 3721, 5 julio: 1.
20. 1937. “Graças a Deus.” A Voz 3721, 5 julio: 3.
21. 1937. “Misa campal em Lisboa.” O Século 19.870, 11 julio: 1.
22. 1938. “Salazar e a civilização.” Diário da Manhã 2516, 25 abril: 1.
23. 1937. “O nosso salvador.” Diário da Manhã 2217, 23 noviembre: 1.
24. Arquivo Oliveira Salazar, Torre do Tombo (AOS/TT), CO/NE-9D, Pasta 2, 13ª subdivisión, ff. n. 241-245. Telegrama n. 3 de Oliveira Salazar a la Legación Consular de Portugal en el Vaticano, 10 mayo 1937.
25. 1938. “Fátima contra o comunismo español.” Diário da Manhã 2533, 13 mayo: 4.
26. 1938. “A Legião em Fátima.” Diário da Manhã 2534, 14 mayo: 1, 8.
27. 1939. “A Igreja agradece a Franco.” A Voz 2852, 3 abril: 8.
28. 1939. “Manifestação no Porto.” Diário da Manhã 2852, 3 abril: 8.
29. Fernando de Souza nació en 1855. Trabajó gran parte de su vida como técnico de la industria ferrocarril portuguesa. De 1918 a 1925, fue miembro de la Junta Consultiva de Caminhos de Ferro, como delegado de la compañís, y, entre 1926 y 1937, fue vocal del Conselho Superior dos Caminhos de Ferro. Pero destacó especialmente por su actividad periodística. Recibió de D. Manuel II el título de Conselheiro de Estado. Ideológicamente, era un monárquico y católico militante. Desde 1895, colaboró con el seudónimo de “Nemo” en el Correio Nacional, donde ocupó el cargo de director entre 1897 y 1901. Luego, lo sería de A Palavra y también de Portugal, publicaciones de carácter católico difundidas en Lisboa. Posteriormente, estuvo al frente de A Ordem y, en 1919, dirigió A Época. En enero de 1927, suspendió A Época y fundó el emblemático A Voz, que se convirtiría en un diario de referencia en Portugal. Dirigió también la Gazeta dos Caminhos de Ferro y publicó numerosos trabajos sobre religión, política y técnica ferroviaria, entre ellos Religião, moral e política (Lisboa, 1897), Religião e Monarquia (Lisboa, 1923) y As nosas ligações ferroviárias e as linhas de Salamanca à fronteira portuguesa (Lisboa, 1927).
30. 1936. “O que se escreve acêrca de Espanha.” A Voz 3390, 30 julio: 1.
31. 1936. “Por São Tiago! A cruzada cristã contra o bolchevismo ruso.” A Voz 3385, 25 julio: 1-2.
32. 1936. “A Comissão Internacional Pro Deo e os acontecimentos de Espanha.” A Voz 3416, 27 agosto: 1.
33. 1936. “Um homem, um jornalista, um cristão.” A Voz 3463, 12 octubre: 1.
34. 1936. “Lodygensky visita o SPN.” A Voz 3423, 1 septiembre: 1-2.
35. 1936. “Os crimes da SDN.” A Voz 3490, 8 noviembre: 1.
36. 1936. “Genebra não defende os católicos.” A Voz 3490, 8 noviembre : 1.
37. Además de su propia cuestación Fernando de Souza también colaboró con otras colectas populares. En noviembre de 1936, por ejemplo, se implicó en la cuestación del diario Novidades para adquirir altares, destinados a las iglesias de Madrid cuando la capital española fuese conquistada. Véase 1936. “Em ajuda de Madrid.” A Voz 3507, 25 noviembre: 6.
38. 1936. “Oferta de mulheres de Portugal.” A Voz 3458, 7 octubre: 1.
39. 1936. “As contas da suscrição popular.” A Voz 3475, 24 octubre: 1.
40. 1936. “Donativos para Espanha.” A Voz 3423, 1 septiembre: 1.
41. 1936. “A ajuda dos portugueses.” A Voz 3499, 17 noviembre: 1.
42. 1936. “Saudações dos heróis espanhóis.” A Voz 3416, 24 agosto: 1 y 2.
43. 1936. “Manifestos de apoio.” A Voz 3481, 30 octubre 1936: 1.
44. 1936. “Viagem pela Nova Espanha.” A Voz 3419, 28 agosto 1936: 1.
45. 1937. “Mais apoios para Franco.” A Voz 3568, 28 enero: 2.
46. 1936. “Inflação de preços.” O Século 19672, 20 diciembre: 1-2. 1936. “Produtos mais caros?.” Diário de Lisboa 5017, 4 noviembre: 4-5.
47. 1936. “O bacalhau em Portugal.” República 2054, 26 agosto: 5.